LA GRAVEDAD DE LA COVID-19 Y EL SÍNDROME METABÓLICO: LA CLAVE DE LA ALIMENTACIÓN
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Hace unas semanas, la científica Maryanne Demasi publicó este artículo en el BMJ Evidence-Based Medicine titulado "COVID-19 and metabolic syndrome: could diet be the key?" (COVID-19 y síndrome metabólico: ¿podría la dieta ser la clave?).
Aquí el enlace: http://dx.doi.org/10.1136/bmjebm-2020-111451
Maryanne Demasi completó su doctorado en investigación médica en la Universidad de Adelaida y trabajó durante una década en el Royal Adelaide Hospital como investigadora científica especializada en investigación de artritis reumatoide. En la actualidad ejerce como reportera y presentadora científica en Australia. También ha trabajado como asesora del Ministro de Ciencia y Economía de la Información del Gobierno del sur de Australia. Ha recibido los premios del National Press Club of Australia en 2008, 2009 y 2011 por "Excelencia en periodismo de salud".
Me ha parecido interesante este resumen de la evidencia de la alimentación rica en azúcares y carbohidratos refinados como una de las principales causas del Síndrome Metabólico (obesidad abdominal), entidad que complica enormemente la clínica de esta COVID-19, la enfermedad causada por este nuevo coronavirus SARS-CoV-2.
He escrito el artículo, variando algunas frases y añadiendo algunos comentarios personales, adjuntando la bibliografía (hipervínculos) que sustenta las afirmaciones de Demasi.
Ahí va,
En la actual pandemia de COVID-19, los gobiernos de cada país están recomendando (en algunos casos exigiendo) el distanciamiento social, el uso de la mascarilla en distancias cortas y espacios cerrados y una buena higiene de manos.
Sin embargo se presta poca atención al impacto potencial de la alimentación en los resultados de salud. Una mala alimentación es la contribución del estilo de vida más significativa a la carga crónica de enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular (Mokdad 2018).
Sin embargo se presta poca atención al impacto potencial de la alimentación en los resultados de salud. Una mala alimentación es la contribución del estilo de vida más significativa a la carga crónica de enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular (Mokdad 2018).
A fecha de este 30 de mayo de 2020, la CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades) informó que entre los casos de COVID-19, las dos condiciones de salud subyacentes más comunes fueron la enfermedad cardiovascular (32%) y la diabetes (30%) (Stokes 2020).Las hospitalizaciones fueron 6 veces mayores entre los pacientes con estas patologías previas (45.4%) que aquellos sin ellas (7,6%). Las muertes fueron 12 veces mayores entre pacientes con condiciones subyacentes (19.5%) en comparación con aquellos sin condiciones subyacentes (1,6%).
Dos tercios de las personas en el Reino Unido que han enfermado gravemente por la COVID-19 tenía sobrepeso u obesidad y el 99% de las muertes en Italia han sido en pacientes con preexistencia de afecciones, como hipertensión, diabetes y enfermedad cardíaca (World Obesity Federation 2020).
Estas condiciones, conocidas en su conjunto como Síndrome Metabólico (SM), están vinculadas a una peor respuesta inmune frente a las infecciones y peor respuesta inmune al recibir una vacuna (Andersen 2016) y con mayores complicaciones y mayor gravedad de las enfermedades infecciosas como la COVID-19 (Richardson 2020).
Un factor importante que impulsa la fisiopatología. del síndrome metabólico es la Resistencia a la Insulina (Insulino Resistencia IR), que lleva implícitos niveles altos de insulina de forma constante en el paciente.
Por eso, el SM también se le conoce como Síndrome Hiper-insulínico. En esta muy frecuente entidad en la población adulta (cualquier persona con "barriga" aunque esté relativamente "delgado") se da una respuesta biológica deteriorada a la insulina, la hormona que regula los niveles de azúcar en la sangre. Esta disregulación de la glucosa en sangre, con altos niveles de glucosa y se insulina, contribuye a la inflamación arterial y al riesgo cardiovascular. Este hiperinsulinismo es el principal factor del riesgo cardiovascular y no el colesterol ni la teoría de las calorías (Demasi, Lustig y Malhotra 2017).
Un reciente estudio de pacientes con COVID-19 con diabetes tipo 2 demostró que aquellos con un mejor control de la glucosa en sangre tuvieron mejor pronóstico que aquellos con un control deficiente de la glucosa en sangre (Zhu 2020).
Concretamente, un buen control de la glucosa en sangre, con poca variabilidad, se asoció con un menor número de intervenciones médicas, de lesiones importantes en órganos y una menor mortalidad por cualquier causa durante la hospitalización, en comparación con los pacientes con un peor control de la glucosa en sangre (mayor variabilidad glucémica).
El factor más significativo que determina los niveles de glucosa en la sangre es el consumo de carbohidratos en la dieta, es decir, carbohidratos refinados, que a la postre son almidones (cadenas de múltiples glucosas).Sin embargo, las recomendaciones dietéticas oficiales de la mayoría de los países occidentales recomiendan una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos (harinas, cereales), lo cual exacerba estos niveles altos de glucosa en sangre.
Estas pautas dietéticas forman la base de los menús en las residencias de ancianos y de los hospitales, donde las personas con COVID-19 y síndrome metabólico pre-existente están recuperándose de la enfermedad por este SARS-CoV-2.
El problema no solo se limitaba las residencias y hospitales. Como hemos estado confinados, sin salir demasiado a comprar, muchos ancianos han ido almacenando productos no perecederos y baratos (ricos en carbohidratos) como la pasta, el pan, las galletas, el arroz y los cereales (Baldridge 2019).
Nuestro suministro de alimentos está dominado por alimentos altamente procesados y envasados, baratos y no perecederos, pero que escapan a los mecanismos naturales de saciedad, haciendo que comamos mucho más sin saciarnos.
El 71% de los alimentos disponibles en los EEUU se clasifican como ultra-procesados. Alimentos y bebidas como las pizzas, donuts, galletas, barritas, croissants, zumos de frutas y otras bebidas azucaradas.
Nuestro suministro de alimentos está dominado por alimentos altamente procesados y envasados, baratos y no perecederos, pero que escapan a los mecanismos naturales de saciedad, haciendo que comamos mucho más sin saciarnos.El 71% de los alimentos disponibles en los EEUU se clasifican como ultra-procesados. Alimentos y bebidas como las pizzas, donuts, galletas, barritas, croissants, zumos de frutas y otras bebidas azucaradas.
Estas bombas de azúcar (bebidas azucaradas) generan continuos niveles altos de insulina y de inflamación, especialmente en aquellas personas con Síndrome Metabólico (más insulino resistentes, que necesitan mayor secreción de insulina para "poder esconder" toda esa glucosa+fructosa).
LA RECIENTE GENERALIZACIÓN DE LA COVID-19 Y FALTA DE ENSAYOS CLÍNICOS CON ALIMENTACIÓN LOW CARB
Dado que el mundo se acaba de enfrentar a la rápida transmisión y expansión de este nuevo virus, ha habido pocas oportunidades para llevar a cabo ensayos clínicos sobre si los pacientes con la enfermedad COVID-19 van mejor con una alimentación baja en carbohidratos en comparación con otras dietas.Sin embargo, hay evidencia sólida de que la restricción de carbohidratos en la alimentación es una forma segura y efectiva de lograr un mejor control glucémico y una mayor pérdida de peso, así como reducir la necesidad de medicación en el manejo de la diabetes tipo 2 (Feinman 2015, A McKenzie y S Hallberg 2017)
Una revisión sistemática que comparaba una alimentación baja en carbohidratos versus una dieta baja en grasas mostró que la alimentación baja en carbohidratos fue superior para lograr un mejor control de la glucosa (azúcar en la sangre), así como para reducir los factores de riesgo cardiovascular a corto y largo plazo para personas con diabetes tipo 2 (Van Zuuren 2018).
En la población médica ha habido (y sigue habiendo) una reticencia en aceptar los
beneficios de una alimentación baja en carbohidratos, principalmente porque contradice las pautas dietéticas oficiales que recomiendan que los carbohidratos compongan entre el 45% y el 65% del total de calorías diarias.
Pero la población de médicos "Low Carb" ha hecho progresos significativos en los últimos años. Por ejemplo, en 2018, Diabetes Australia lanzó este Documento de Posición indicando que había evidencia científica de que hacer una alimentación baja en carbohidratos podría ser segura y útil para reducir los niveles de glucosa en sangre, reducir el peso corporal y controlar las enfermedades cardiovasculares, así como los factores de riesgo como la dislipidemia aterogénica (Triglicéridos altos y bajo Colesterol HDL, protector) y la hipertensión arterial (en su mayoría, de causa "insulino mediada" y no dependiente de la sal de la dieta).
Además, en 2019, tanto la American Diabetes Association como en 2020 la Diabetes Canada, respaldaron las dietas bajas en carbohidratos como opciones viables para mejorar la glucemia y explicando su potencial para reducir la necesidad de medicación para personas con diabetes tipo 2.
beneficios de una alimentación baja en carbohidratos, principalmente porque contradice las pautas dietéticas oficiales que recomiendan que los carbohidratos compongan entre el 45% y el 65% del total de calorías diarias.
Pero la población de médicos "Low Carb" ha hecho progresos significativos en los últimos años. Por ejemplo, en 2018, Diabetes Australia lanzó este Documento de Posición indicando que había evidencia científica de que hacer una alimentación baja en carbohidratos podría ser segura y útil para reducir los niveles de glucosa en sangre, reducir el peso corporal y controlar las enfermedades cardiovasculares, así como los factores de riesgo como la dislipidemia aterogénica (Triglicéridos altos y bajo Colesterol HDL, protector) y la hipertensión arterial (en su mayoría, de causa "insulino mediada" y no dependiente de la sal de la dieta).
Además, en 2019, tanto la American Diabetes Association como en 2020 la Diabetes Canada, respaldaron las dietas bajas en carbohidratos como opciones viables para mejorar la glucemia y explicando su potencial para reducir la necesidad de medicación para personas con diabetes tipo 2.
Hay algunas instituciones médicas que lideran esta manera de alimentación como estrategia terapéutica para mejora la salud cardiovascular y combatir el Síndrome Metabólico y los estados pre-diabéticos. Un Hospital en West Virginia en los Estados Unidos
ha respondido a las peticiones para mejorar el entorno alimentario de sus pacientes eliminando todas las bebidas azucaradas de sus máquinas expendedoras y cafeterías. Bravo! (Cucuzzella 2018).
El Jefferson Medical Center es también uno de los primeros hospitales en los Estados Unidos en ofrecer una alimentación baja en carbohidratos a sus pacientes con diabetes. El Hospital Tameside en Manchester se convirtió en el primero en Gran Bretaña en eliminar todo el azúcar añadido a las comidas que se preparan para los acompañantes y para sus sanitarios y ha retirado los snacks azucarados y las bebidas comerciales de su menú.
En conclusión,
En conclusión,
La reducción de los carbohidratos en la alimentación es una intervención simple y segura que produce mejoras en el control de la glucemia y que se puede implementar junto con la atención habitual en un centro médico o en el hogar o en residencias de ancianos.Aunque que la fisiopatología de la COVID-19 es multifactorial, la Resistencia a la Insulina es uno de los determinantes más potentes de la disfunción metabólica, del deterioro metabólico.
Siendo que, según un reciente estudio, se ha descubierto que nada más y nada menos que el 88% de los estadounidenses son metabólicamente "no saludables" (cumplen uno o más de los criterios de SM (Araújo 2019), la medida en la que esta condición contribuye a la gravedad de la infección por COVID-19 es probable que sea muy significativa.
Por lo tanto, la adopción de consejos de alimentación para las personas con Síndrome Metabólico (más de 3/4 partes de las personas de más de 45 años en el mundo occidental) como se propone en el Reino Unido (Gallagher y Malhotra 2020) debería ser respaldada más ampliamente por los gobiernos y las políticas sanitarias a nivel mundial, para reducir la carga de enfermedad de los millones de personas con síndrome metabólico (obesidad abdominal) que puedan contraer la actual COVID-19, tanto ahora como en el futuro.
¿Qué deberíamos comer para mejorar nuestra salud metabólica y prevenir el S Metabólico, tan omnipresente en la población adulta?
Deberíamos comer todo tipo de verduras de hoja verde, así como hortalizas y, de vez en cuando, alguna legumbre. No deberíamos evitar la comida de origen animal que, por regla general, no tiene apenas nada de glucosa. Es decir, podemos (y debemos) comer huevos a diario (no hay un límite, pero sin pan, claro), pescados (tanto azules como blancos) y carnes, tanto ave (pollo) como carnes rojas (no procesadas).
Deberíamos evitar el pan blanco, las patatas fritas, las bebidas azucaradas, reducir los cereales, el arroz blanco, la pasta y demás harinas.
En una sola frase tomar a diario, sin otro límite que el de nuestra saciedad, verduras, huevos, pescados y carnes. Beber agua, según nuestra sed.
Y tomar también, de forma moderada, frutos secos, legumbres y lácteos enteros.
Además, exponernos de forma diaria al sol (sin quemarnos), dormir bien (al menos 7-8 horas), reducir el estrés, movernos (caminar, correr, ciclar, hacer ejercicios de fuerza) y fomentar las buenas relaciones personales.
Gracias Maryanne Demasi




































